Nueva Motivación por el Arte
En Nueva York vivía seguro de mi muerte inminente. La sentía por todas partes como una enorme aspiradora invisible en el cielo esperando succionarme. El sentimiento nunca me asustó mucho, más me motivaba. Estaba obsesionado con dibujar y pintar. Vivía como si fuese lo último que tenía que hacer antes de morir. Después de haber sido baleado y transladado a Minneapolis, esta sensación desapareció. En un comienzo mi vida parecía vacía, aburrida y demasiado dulce. Pero algo sorpresivo lleno el vacío.
Era amor. Me enamoré de una bailarina Chilena que conocí antes de dejar Nueva York. Nos casamos después de dos años de viajar de una cuidad a la otra para vernos. Nos mudamos a una casa secluída en el campo a la cual yo le había construído hermosos jardines. Un año después de casarnos mi esposa y yo tuvímos un hijo. De súbito la vida se veía sorprendentemente real. La violencia y los colores oscuros que habían previamente identificado mis pinturas, desaparecieron durante este período y fueron reemplazados por imagines más coloridas y juguetonas. El escenario artistico en Minneapolis no era lo suficientement fuerte para facilitarme el sustentar una familia, mis contactos en Nueva York no estaban interesados el lidiar con un artista de fuera de la ciudad.
Necesitaba un trabajo. No quería confundir mi arte con arreglarmelas para vivir de tal manera que entré al mundo de las finanzas y descubrí que tenía una habilidad para hacer hojas electrónicas y analisis de tratos. Dentro de dos años fuí vice presidente de mercado financiero para una firma local de inversiones bancarias donde fuí representante de amalgamación comercial y adquisiones. Mi oficina estaba al otro lado del lago de mi casa. A pesar de que tenía que conformarme, no podía ser totalmente convencional. A veces en el invierno, viajaba de un lado a otro en métodos alternativos, muestra es esta fotografía haciendo patinaje a vela para ir a trabajar.