Hace mucho tiempo, antes que Memorex o Mega-ram, en una época mitológica en el alba misma de la memoria, hombres y mujeres de esta tierra servían de anfitriones a los ángeles. La vida era satisfactoria. Todo encuentro propiciaba un inesperado obsequio. Un sentimiento de gratitud por la belleza de la vida se advertía por doquier. La vida era plena y sagrada. El amor relucía an todas las miradas.

Anque hoy no se les vé deslizandose a lo largo de las carreteras informativas, los ángeles todavía existen. A veces habitan dentro de nuestros seres, manifestándose claramente en nuestros intenciones.

La presencia intanglibe e invisible de lo ángeles imparte a nuestras existencias un sentido de nobleza y de la más alto motivación. Nos dan fuerza. Los ángeles nos guían en situaciones divícilex para alcanzar los tesoros de la vida. Si pudieramos guardar silencio y quietud, acaso escucháramos un sutil susurro de alas señalándonos el camino a seguir.

Estas esculturas expresan mi propio esfuerzo en reconocer a tal guía. Son advertencias tanglibles de lo delicado y efímero de la exstencia. Mis creaciones expresan mis sentimientos mientras avanzo en la vida. Me esfuerzo por eliminar toda señal de artificio a fin de revelar solamente la más pura y durable verdad en la médula misma de la existencia.,

Si algunas de mis obras evocan algo familiar, o bien despiertan su curiosidad, acaso la naturaliza esencial de nuestras trayectorias no sean tan disímiles como parecen. Acaso la vida misma no sea tan diferente de lo que era­hace mucho tiempo.